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Kamila Solarz

Kamila Solarz observa las flores mientras cambian. En sus fotografías, ese proceso de transformación se convierte en una forma de acercarse al paso del tiempo, pero también a la memoria y a los vínculos. De origen polaco y afincada en Barcelona, su trabajo se mueve entre la fotografía analógica y digital, con una atención especial a la materia y a la dimensión física de la imagen. Con motivo de la presentación de su obra Cycles en RI HOUSE, hablamos con ella sobre el respeto por los ritmos naturales y sobre esos pequeños rituales que, más allá de los lugares, construyen nuestra relación con el espacio.

¿QUÉ DESCUBRISTE OBSERVANDO LA TRANSFORMACIÓN DE LAS FLORES?
Observar las flores durante meses sin intervenir y volviendo cada día para ver los cambios ha sido un gran aprendizaje para mí. Me enseñó mucho respeto hacia los ritmos naturales, de los que nosotros como seres humanos también formamos parte, aunque a veces lo olvidamos. Muchas veces, al principio de este proceso, me pasaba, encontrar una flor y ya imaginar cómo va a ser su transformación. Y me dieron una lección no abriéndose. Me enseñaron a apreciar cada etapa del proceso, no solo florecer, sino lo que precede y lo que sucede después, y ver este proceso como cíclico, donde nada desaparece, sino que cambia de forma.

PARA CREAR ES CLAVE OBSERVAR, ESCUCHAR… ¿QUÉ TE INSPIRA DE TU ENTORNO?
Mi fuente más grande de inspiración es la naturaleza. Es una fuente inagotable, un punto de referencia que siempre me trae calma. Desde hace siete años que vivo en Barcelona, aunque soy de Polonia, y esta combinación de las energías y los caracteres que tiene la naturaleza en ambos lugares me forma mucho a mí y a mi trabajo. Los paisajes mediterráneos aportan ligereza, movimiento, y los paisajes polacos una intimidad especial, las raíces. También me inspiran mucho las historias de la gente, lo que hay detrás de cada forma de creación, qué historia, qué emociones, toda la experiencia humana.

¿QUÉ QUEDA DE LAS MUJERES DE TU FAMILIA EN TU MANERA DE MIRAR?
En mi familia, el jardín siempre ha sido un lugar muy importante para las mujeres. Mi bisabuela, mi abuela y mi madre han pasado y siguen pasando mucho tiempo allí. Es como un pequeño oasis, un espacio muy ligado a la memoria y a la vida de varias generaciones de mujeres de mi familia. Creo que ellas, cada una a su manera, me han transmitido este lenguaje de las flores, que también está presente en mi manera de mirar.

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE LA MATERIA EN TU TRABAJO?
Veo la fotografía no solo como una imagen, sino como un objeto. La materia se convierte así en el punto de partida de la forma, un medio de expresión, algo que da forma al proceso.

¿CÓMO ES TU ESPACIO, EL ESPACIO QUE AMAS?
Más que un espacio físico, creo que son momentos, emociones vividas en ellos. El olor del café por la mañana, mi perro siguiendo mis pasos. En mi vida me he mudado ya más de una docena de veces y, aunque los lugares cambian, en este momento no tengo un vínculo tan fuerte con ellos. Son más bien los pequeños rituales los que permanecen, independientemente del espacio. Y la luz, la luz es lo más importante para mí en cómo siento un espacio.